Caso
1. Educación Primaria
Desde mi punto de vista, creo que sí puede
considerarse como acoso ya u que existe una conducta agresiva verbal y física.
El problema supuestamente empieza con Félix en vacaciones, y digo supuestamente
porque probablemente ya haya habido alguna otra pequeña cosa en clase, patio o plaza
que el niño no haya contado o no se le haya dado importancia en su momento, y
se va agravando tanto con una repetición cada vez más frecuente como con
actuaciones de otros niños y el mal hacer del equipo directivo y tutora.
Adrián, al llegar nuevo a clase ese año, no se ha
integrado muy bien. Es un poco difícil llegar a sexto curso cuando las
relaciones entre los compañeros ya están consolidadas desde que eran pequeños,
sobre todo cuando eres un chico tímido y en clase te encuentras un “Félix” con
sus dos amigos apoyándole en todo.
Por esto en el plan
de convivencia de los centros, se debe de incluir un plan de acogida
para los niños que llegan nuevos ese año (lleguen a principio o a final de
curso).
En el RRI y en el plan de convivencia se encuentran
las conductas que se consideran alarmantes y sus posibles sanciones o maneras
de actuar con alumnos y familias.
En los centros suele haber un plan de acción tutorial. De todas formas es algo innato lo que
tenemos los maestros de ver cuando algo “va mal” en alguno de nuestros alumnos,
ya que estamos siempre alerta ante cualquier signo de discriminación, exclusión
u otro tipo de conductas disruptivas, sobre todo cuando llega un alumno nuevo a
clase.
En el caso de Adrián, supongo que los padres durante
el primer trimestre estarían o intentarían estar en contacto con la tutora para
conocer de primera mano si el niño está contento, si tiene amigos… pero parece
ser que por parte de la tutora no había ni hay ninguna señal de acoso.
En la mayoría de los centros (por lo menos en el mío desde 2013) hay un plan de prevención e intervención ante el acoso escolar (que creo
que es muy útil e importante actualmente),
en el que recoge distintos tipos de acoso, principios generales de
intervención, plan de actuaciones para prevenir y detectar dirigidas a todos
los miembros de la comunidad educativa y un protocolo de actuación ante un
posible caso de acoso.
En cuanto a la actuación del jefe de estudios como de
la tutora creo que no es nada adecuada: le quitan importancia a todo, se pasan
la pelota de unos a otros, tachan a los padres de pesados, ponen en mano de los
padres tareas suyas como la integración del niño en su grupo de clase… La
tutora “obliga” a los niños a que jueguen con Adrián al fútbol diciéndole que se
han quejado sus padres.
Desde mi punto de vista, si los profesores no han
detectado nada antes de que los padres de Adrián les avisase. Una vez avisados,
deberían haber empezado a observar el comportamiento de este y de Félix.
Primero se debería de actuar desde la tutoría
realizando algunas dinámicas de grupo para saber quienes son los líderes, quien
está rechazado… Considero muy importante trabajar las emociones en clase para
que aprendan a expresar como se sienten, como se ven ellos mismos con respecto
al grupo, etc (Todo ello de forma anónima el principio para que sean sinceros)
y a raíz de ahí pues ya empezar a trabajar en gran grupo.
Si durante el transcurso de estas actividades se sigue
produciendo ese acoso pues habría que tomar medidas con el alumno acosador, así
como ponerlo en conocimiento de los padres para poder trabajar de forma
conjunta padres, alumnos y profesores.
En el caso encontramos los alumnos que perjudican a la víctima como Félix, Gonzalo e Irene. Félix es el líder y se siente bien, superior. El resto de alumnos (los que aparecen al final de la historia) que quieren ayudarle, pero no quieren enfrentarse a Félix para no ser los siguientes. Por lo que se excusan diciéndole en voz baja que Félix y los otros dos son unos burros.